La
apertura de la Gran Vía, vieja idea de comienzos de siglo materializada en los últimos
treinta años, y trazada por el cauce de! antiguo arroyo de Sto. Domingo para
favorecer el tráfico Norte-Sur, conllevó la destrucción de una docena de manzanas
tradicionales y segregó toda la zona Este de la ciudad, el barrio de San Cristóbal
hasta el paseo de Canalejas, creando así las bases para su posterior y total transformación.
No obstante, el tratamiento arquitectónico otorgado a la Gran Vía, especialmente
en sus primeras fases, situadas más al Norte, ha revestido cierta dignidad y
homogeneidad. Felizmente, no se completó el enlace previsto en el Plan, que
habría unido el final de la Gran Vía con la calle de S. Pablo, destruyendo
parte del convento de las Dueñas y aislando el resto del mismo.
La
apertura de la «Vía de Rodeo» materializada en las calles Juan del Rey e Iscar
Peyra, han conllevado un enorme impacto que destruyó gran parte de la trama urbana
a escasos metros de la Plaza Mayor, acompañado de un auténtico desfiladero de
nuevas edificaciones de ocho plantas cuyo diseño arquitectónico jamás ha tenido
en cuenta la zona en que se enclavaban.
La
ampliación de la calle Obispo Jarrin para conectar la plaza del Mercado con la Gran
Vía, prolongándose con el objetivo imposible en términos topográficos de en-lazar
con el paseo de Canalejas a través de la calle Asadería y plaza de San Cristóbal.
El segundo objetivo no se cumplió, pe-ro el primero lo ha sido en parte,
median-te la destrucción de la histórica plaza de San Julián o plaza del Grano,
cuyos porches de carácter medieval subsistieron hasta hace pocos años.
La
modificación sustancial de la práctica totalidad de la zona situada al Norte de
la Plaza Mayor, y la introducción de volúmenes abusivos en calles tradicionales
como las de Toro y Zamora...
El
derribo del barrio de Santiago y de la Ribera de Curtidores para la ampliación de
una vía de la Red Arterial: La Ronda entre Puentes.




