jueves, 26 de marzo de 2015

Salamanca. Apuntes de la historia de su desarrollo urbano - 9


La apertura de la Gran Vía, vieja idea de comienzos de siglo materializada en los últimos treinta años, y trazada por el cauce de! antiguo arroyo de Sto. Domingo para favorecer el tráfico Norte-Sur, conllevó la destrucción de una docena de manzanas tradicionales y segregó toda la zona Este de la ciudad, el barrio de San Cristóbal hasta el paseo de Canalejas, creando así las bases para su posterior y total transformación. No obstante, el tratamiento arquitectónico otorgado a la Gran Vía, especialmente en sus primeras fases, situadas más al Norte, ha revestido cierta dignidad y homogeneidad. Felizmente, no se completó el enlace previsto en el Plan, que habría unido el final de la Gran Vía con la calle de S. Pablo, destruyendo parte del convento de las Dueñas y aislando el resto del mismo.
La apertura de la «Vía de Rodeo» materializada en las calles Juan del Rey e Iscar Peyra, han conllevado un enorme impacto que destruyó gran parte de la trama urbana a escasos metros de la Plaza Mayor, acompañado de un auténtico desfiladero de nuevas edificaciones de ocho plantas cuyo diseño arquitectónico jamás ha tenido en cuenta la zona en que se enclavaban.
La ampliación de la calle Obispo Jarrin para conectar la plaza del Mercado con la Gran Vía, prolongándose con el objetivo imposible en términos topográficos de en-lazar con el paseo de Canalejas a través de la calle Asadería y plaza de San Cristóbal. El segundo objetivo no se cumplió, pe-ro el primero lo ha sido en parte, median-te la destrucción de la histórica plaza de San Julián o plaza del Grano, cuyos porches de carácter medieval subsistieron hasta hace pocos años.
La modificación sustancial de la práctica totalidad de la zona situada al Norte de la Plaza Mayor, y la introducción de volúmenes abusivos en calles tradicionales como las de Toro y Zamora...
El derribo del barrio de Santiago y de la Ribera de Curtidores para la ampliación de una vía de la Red Arterial: La Ronda entre Puentes.

domingo, 8 de febrero de 2015

Salamanca. Apuntes de la historia de su desarrollo urbano - 8




Si bien en los primeros años del siglo, el proceso se desarrolló de forma contenida, e incluso la escena urbana se enriqueció con notables ejemplos de arquitectura ecléctica, arquitectura del hierro y arquitectura modernista (edificios del mercado municipal o de Villa Lis, por citar dos ejemplos), a partir de la guerra civil, el proceso se desbordó y tras el frustrado Plan de Urbanización falangista de Víctor D'0rs y Valentín Gomazo, se materializó en el Plan de Reforma Interior del ingeniero Paz-Maroto (1943), que suponía la concepción de la ciudad histórica como una estructura que había que reformar en profundidad para poner en valor determinados edificios o espacios urbanos considerados de forma aislada. Para ello, se realizaba una rectificación generalizada de las alineaciones históricas y se manifestaba una auténtica obsesión por el ensanchamiento de las vías existentes o por la creación de otras nuevas «de enlace», que facilitasen la circulación del tranco interior y lo pusiesen en comunicación rápida y cómoda con las áreas exteriores.
Los efectos arrasadores del Plan Paz Maroto, así como los provocados por su sustituto el Plan General de 1966, desarrollado en multitud de pequeños planes y ordenaciones parciales posteriores, cuyos objetivos eran asimismo la reestructuración traumática del casco antiguo, la ampliación de la red viaria para facilitar el tráfico y la introducción de los máximos volúmenes admisibles y aun inadmisibles, obviando cualquier tipo de protección para la arquitectura tradicional, han sido pro fundamente destructivos para grandes áreas de la ciudad, que se han visto transformadas de modo parcial o total, alterándolas esencial y formalmente. Algunos ejemplos pueden ilustrar estas afirmaciones;

domingo, 23 de noviembre de 2014

Salamanca. Apuntes de la historia de su desarrollo urbano - 7


Si los planos de 1858 nos muestran una ciudad todavía cómoda en el interior de su recinto amurallado, entre los años 1868 y 1869, como consecuencia de la incontenible presión de crecimiento que se había desatado, se derriban las murallas, que una escasamente culta visión del desarrollo urbano inevitable, fue incapaz de salvar para la posteridad. A partir de ese momento la ciudad inicia un crecimiento espacial en mancha de aceite, con una clara preferencia hacia el arco NO-NE, y sólo en épocas muy posteriores será capaz de dar el salto a la otra orilla del Tormes, creciendo en dirección Sur.
Salamanca se presenta, pues, en el s. XX con una importante riqueza urbanística, monumental y patrimonial de primer orden, producto de veinte siglos de acumulación orgánica y coherente, pero así mismo con una serie de problemas de complicada solución. Ellos eran fundamentalmente los de adaptar las viejas estructuras urbanas a las nuevas necesidades sin destruirlas; modernizar sin alterar la sustancia histórica; conservar, reciclar y reutilizar las edificaciones introduciendo los avances tecnológicos sin traumas.
  Desgraciadamente, los cascos históricos son en todo, o en parte, el corazón de la ciudad. Corazón económico, social, comercial; supone el suelo urbano más cotizado y, consiguientemente, experimenta fuertes presiones para ser construido de forma masiva en altura y en intensidad de uso, desarrollando un proceso especulativo que intenta extraer las mayores plusvalías del suelo con olvido de cualquier valor histórico, artístico, patrimonial o cultural, y que pretende utilizar la ciudad más allá de sus propias capacidades físicas. Para ello, se han utilizado como coartada ideológica las ideas higienistas anglosajonas del s. XIX, relativas al saneamiento de las poblaciones, la ampliación de calles para favorecer el tráfico, la creación de algunas zonas verdes, etc.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Salamanca. Apuntes de la historia de su desarrollo urbano - 6


Además de algunas incorporaciones urbanas de importancia media en el contexto de la ciudad, como los colegios de Calatrava y San Bartolomé, la iglesia del Carmen y la capilla de San Francisco, la gran creación urbanística-arquitectónica del s. XVIII la constituye, sin duda, la Plaza Mayor, creada sobre parte de la antigua plaza de San Martín. En realidad, no añade ninguna aportación funcional al gran tema de las plazas mayores españolas, pero es la máxima, inspirada y formalmente precisa de todas ellas, incorporando en el aspecto estilístico una dinámica barroca, si bien de forma notablemente contenida, que se materializa en el motivo centra! del Ayuntamiento, convertido así en el punto de atracción tan querido por el barroco, pero cuya sutil ejecución, encajada dentro de los módulos y ritmos compositivos propios de la plaza, nos muestra la deliberada voluntad de mantener la pieza individual al servicio del orden arquitectónico y espacial que se deseaba dominante.
La guerra de la Independencia, con la ocupación de Salamanca por el ejército francés, resulta trágica para la ciudad, pues corrió consecuencia de las necesidades de fortificación de la zona S-0, situada entre las peñas de San Vicente y Celestina, de la voladura del polvorín, y de los propios hechos de armas, desaparece la práctica totalidad del patrimonio edificado que se asentaba en las laderas y vaguada del arroyo de los Milagros, borrándose del terreno un sinfín de conventos, colegios mayores e iglesias de todos los estilos y épocas, hasta una cifra que ha llegado a evaluarse en la cuarta parte de la riqueza monumental de la ciudad.
También se debe a la ocupación francesa la creación de la Plaza de Anaya, ordenada por el gobernador general Thiebault, quien hizo destruir las casas y calles situadas entre el colegio de San Bartolomé, que era su residencia y la catedral nueva.
Tras unos años de crisis extrema, con la ciudad abrumada por los exorbitantes gastos de las grandes construcciones, el impacto de la Desamortización, y una decadencia en la población, la economía y el comercio, transmitida a la realidad física ciudadana, el último tercio del s. XIX, trae el nuevo impulso comunicado por las fuerzas económicas y sociales, que vienen de la mano de una incipiente industrialización, patrocinada por una nueva burguesía, y de la aparición de nuevos elementos de transporte, como el ferrocarril, que tendrán consecuencias importantes en el desarrollo espacial de la ciudad.

viernes, 21 de marzo de 2014

Salamanca: Apuntes de la historia de su desarrollo urbano - 5


En el s. XVI se construyen los grandes edificios platerescos, como la Casa de las Conchas, el Convento de S. Esteban, la fachada de la Universidad o el palacio de Monterrey, entre otros muchos, que se encajan en una estructura urbana preexistente, utilizando una nueva concepción del lenguaje arquitectónico donde se emplean grandes planos de fachadas cubiertas de rica ornamentación, apenas separados entre angostas y quebradas calles, contribuyendo a crear un contradictorio y fascinante esquema de espacios y reducidas calles entre plazas y plazuelas, conventos y monasterios, escuelas y palacios, donde, a las raíces medievales y góticas, siempre presentes, se superponen las ideas de una renovada concepción del mundo que cree fundamentalmente en las posibilidades del hombre.
En el s. XVII, aunque la ciudad comienza a evidenciar los síntomas de decadencia visibles en el resto del país, se inician o desarrollan tres complejas obras de enorme significación: la catedral nueva (1513-1733) gótico tardía y renacentista, que se convertirá por la magnitud de su volumen en el elemento definitorio de la panorámica sobre la ciudad; la Clerecía (1617-1775), símbolo del poder de los jesuitas, cuya implantación supuso un enorme impacto en la estructura urbana, al ser necesario para su construcción el derribo de un barrio entero. Este edificio que, desde determinados e insospechados puntos de vista, compite visualmente con la catedral, evidencia, no obstante, en su ejecución enfrente de la Casa de las Conchas, de forma dramática la frustración en el empeño barroco por excelencia: crear una gran perspectiva para un gran edificio. Finalmente, el complejo de la iglesia y convento de las Agustinas de Monterrey nos muestra un interesante episodio de intervención de arquitectos italianos en el barroco salmantino.
El s. XVIII y la primera mitad del XIX registran una involución demográfica que hace retroceder la población desde 20.000 habitantes hasta apenas 15.000, y es reflejo de la depresión económica que afectaba especialmente a las ciudades de la meseta castellana.